¿Peter o Dilbert? Como diría Groucho Marx, “Estos son mis principios. Si no le gustan, tengo otros”
Me pregunto si Laurence J. Peter (Principio de Peter) y Scott Adamas, (Principio de Dilbert), se llegaron a conocer, y llegaron a discutir acerca de sus visionarias ideas sobre el funcionamiento de las organizaciones. Dada la diferencia de edad entre ellos, lo dudo, aunque evidentemente, las teorías de Peter calaron muy hondo en Scott, que supo exprimirlas al máximo en su famosa tira cómica protagonizada por Dilbert.

Resumiendo mucho, el Principio de Peter (1969) dice que en una empresa, u organización, las personas que realizan bien su trabajo son promocionadas a puestos de mayor responsabilidad, hasta alcanzar su nivel de incompetencia.
No hay duda de que este principio se ha corroborado en multitud de ocasiones, cuando un puesto de la alta dirección es ocupado por un profesional “incompetente”. No incompetente en sí mismo, ya que llevó a cabo anteriores proyectos con asombrosa eficacia, pero sí incompetente en ese momento, para ese trabajo.

De su teoría, Peter dedujo varios “sub-principios”, también muy interesantes y reveladores: El primero, “que pasado el tiempo, todo puesto tiende a ser ocupado por un empleado que es incompetente para desarrollar sus obligaciones”. El segundo, “que el trabajo es realizado por aquellos empleados que no han alcanzado todavía su nivel de incompetencia”. Así que si realizas bien tu trabajo, alégrate. Todavía, porque todo llegará, no eres un trabajador incompetente.

Llegados a este punto, deberíamos examinar con lupa los procesos de selección en las organizaciones. La lógica, de forma equivocada, te puede hacer pensar que si una persona hace bien su trabajo, será igual de eficiente en un nuevo puesto. Y aquí está el error del que Peter trata de advertirnos. Nunca hay que “presuponer” la eficacia con que una persona desarrollará su trabajo, en función de la validez en su anterior puesto.
Si no haces caso de este consejo, puedes caer en el error de quedarte sin la persona idónea en un puesto, y con la persona equivocada (e ineficaz) en otro. Aunque sigue habiendo esperanza… Este principio sólo entra en funcionamiento en las empresas con estructuras muy jerarquizadas, así que si este no es nuestro caso, no tenemos que preocuparnos por Peter.

Aunque el Principio de Peter siempre me ha atraído por su aplastante lógica, tengo que decir que siento cierta debilidad por Dilbert, el protagonista de la tira satírica de finales de los 90 creada por Adams. Scott Admas, de forma, a mi juicio, totalmente brillante, da la vuelta a la Teoría de Peter afirmando que “las compañías, de forma sistemática, tienden a ascender a sus empleados menos competentes a cargos directivos para limitar así el daño que son capaces de provocar”.
Con el Principio de Dilbert pasó algo que Peter tuvo la suerte de no sufrir. Académicamente fue rechazado porque contradecía las técnicas tradicionales de la gestión de Recursos Humanos. Aunque fue muy bien acogido por la gente del mundo de los negocios, analistas y gestores. Como llegaría a decir Guy Kawasaky, de Appel Computer, afirmando que “hay dos tipos de compañías, las que reconocen que son exactamente como Dilbert y las que también lo son pero aún no lo saben”.

Ambas teorías se parecen, y en el fondo se complementan. Peter pensaba que las compañías utilizan los ascensos para recompensar a los empleados eficientes, hasta llegar un puesto en el que serían incompetentes. Y lo que es aún peor, donde permanecerían. Dilbert, al contrario, creía que los empleados que ya habían demostrado su incompetencia son ascendidos intencionadamente, para evitar así que pudieran producir daños mayores a la compañía. Evidentemente se pueden ver los dos principios en una misma organización. Pero el que más me inquieta es el segundo. Pensar que el verdadero trabajo, el trabajo productivo, se hace por personas de la parte más baja de la escala de poder no me sorprende. Pero pensar que los puestos de los directivos pueden tener muy poca relevancia, al menos a los ojos del que decide quién asciende y quien no, si me parece bastante preocupante. Aunque hay que decir que ni Peter ni Adams inventaron la rueda… Ya en el año 1910, José Ortega y Gasset, en una visita a Argentina, dijo que “todos los empleados públicos deberían descender a su grado inmediato inferior, porque han sido ascendidos hasta volverse incompetentes”. Una perfecta síntesis de los dos principios unidos…
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¿Peter o Dilbert? Como diría Groucho Marx, “Estos son mis principios. Si no le gustan, tengo otros”…
El "principio de Peter" (Laurence J., Peter) dice que las compañías ascienden a los empleados eficientes hasta que llegan a un puesto en el que son incompetentes y allí permanecen. Dilbert, el personaje creado por Scott Adams, creía que los e…
Hola
Me interesa saber de dónde sacaste esta información:
“en el año 1910, José Ortega y Gasset, en una visita a Argentina, dijo que “todos los empleados públicos deberían descender a su grado inmediato inferior, porque han sido ascendidos hasta volverse incompetentes”.”
Hola “Cotero”,
Te ha mandado un mail a tu correo, contestando a tu pregunta…
He escrito una revisión sobre el principio de Peter en mi blog al hilo de publicaciones reciente sobre el tema. Puede consultarse en
http://www.datanalytics.com/blog/2010/11/08/una-revision-neoliberal-del-principio-de-peter/